viernes, 10 de julio de 2015

Alquimia interior: Observar, Aceptar, Soltar...

“Si sientes miedo, sientes miedo. ¿Para qué convertir el asunto en un problema? Reconoce que tienes miedo, al igual que posees dos manos. ¿Para qué crear un problema? Es como si te preguntaras por qué tienes una nariz, en lugar de dos.
El miedo está allí y lo único que debes hacer es tomar nota y aceptarlo. Acéptalo y no te preocupes. Verás que súbitamente desaparece.
Esa es la alquimia interior: los problemas desaparecen tan pronto como se aceptan, pero se agrandan y complican cuando se entra en conflicto con ellos. Claro que hay sufrimiento y con él viene el miedo. Pero acéptalo porque no hay nada que puedas hacer al respecto. No pienses que estoy hablando de pesimismo al decir que no puedes hacer nada al respecto. Cuando digo que no hay nada que puedas hacer, te estoy dando la clave para solucionar el problema.
El sufrimiento es parte de la vida y del crecimiento, y no hay nada de malo en él. El sufrimiento se convierte en algo malo solamente cuando es destructivo, y no se utiliza para crear; el sufrimiento se convierte en algo malo solamente cuando la persona sufre y no aprende nada de su sufrimiento. Yo quiero decirles que cuando el sufrimiento deja lecciones es una fuerza creadora.
La oscuridad es bella cuando insinúa la pronta aparición del alba; la oscuridad es peligrosa cuando es interminable y no insinúa un amanecer. Es peligrosa cuando sencillamente se perpetúa y la persona continúa moviéndose como autómata en la rutina de su círculo vicioso. Esto te puede suceder si no estás alerta: por querer salir de un sufrimiento, terminas creando otro, y para escapar de ese creas otro, y luego otro, y así sucesivamente. Y todos esos sufrimientos que no has vivido continúan aguardándote. Han escapado, sí, pero simplemente para caer en otro sufrimiento, porque la misma mente que creó el primer sufrimiento, crea también los siguientes. El sufrimiento siempre estará ahí porque es una creación de la mente.
Acepta el sufrimiento y atraviésalo; no escapes. Es una dimensión completamente diferente en la cual debes trabajar.
El sufrimiento está ahí; sal a su encuentro, atraviésalo. El sufrimiento estará ahí, de modo que acéptalo. ¿Qué temblarás? ¡Entonces tiembla! ¿Para qué fingir que no tiemblas, que no sientes miedo? Si eres cobarde, pues acéptalo.
Todas las personas son cobardes. Aquellas a quienes llamamos valientes solamente están fingiendo porque muy en el fondo son tan cobardes como el resto del mundo. En efecto, son quizá más cobardes porque para crear su cobardía se han fabricado una máscara de bravura y tratan de actuar de tal manera que nadie piense que son cobardes. Su bravura es apenas una fachada.
¿Cómo podemos ser valientes? La muerte está ahí. ¿Cómo podemos ser valientes si somos apenas hojas sacudidas por el viento? ¿Cómo podría no temblar una hoja? Cuando el viento sopla, la hoja se estremece. Pero nunca acusamos a la hoja de cobarde. Sólo sabemos que está viva. Así, cuando tiemblas y el miedo se apodera de ti, eres como una hoja al viento -¡hermoso! ¿Para qué formar un problema de ello?
Pero la sociedad todo lo ha convertido en problema.
Cuando un niño siente miedo de la oscuridad le decimos: “No tengas miedo, sé valiente”. ¿Por qué? El niño es inocente; es natural que sienta miedo en la oscuridad. Pero lo obligamos a ser valiente y a esforzarse por serlo. Entonces, se llena de tensión y se limita a soportar la oscuridad; todo su ser está tenso y listo para temblar, pero el niño se reprime. Ese temblor reprimido lo perseguirá durante toda la vida. Habría estado bien temblar en la oscuridad; no habría nada de malo en ello. Habría estado bien llorar y correr y refugiarse en los brazos de sus padres, no había nada de malo en ello.
Ese niño habría salido de la oscuridad con mayor experiencia y mayor conocimiento. Después de temblar y sollozar en la oscuridad se habría dado cuenta de que en realidad no había nada que temer. Al reprimirlo, nunca logras experimentar el fenómeno en su totalidad y no extrae de él lección alguna.
La sabiduría viene con el sufrimiento, a través de la aceptación. Cualquiera que sea la situación, siéntete a gusto en ella…
¡Eres hermoso! Acéptalo y, no importa lo que suceda, permite que pase y vive la situación.
El sufrimiento no tarda en convertirse en aprendizaje, en cuyo caso se convierte en una fuerza creadora.
El miedo te dejará intrepidez y la ira te dejará compasión. Al comprender el odio, nacerá en ti el amor.
Pero eso no sucede creando un conflicto, sino viviendo con la consciencia alerta. Acepta y atraviesa la situación”
Osho


"Por favor, Padre, libera las memorias de dolor, de


abandono, de rechazo, de miedos, angustias, 

celos, envidias...................


de mi propia vida 

y la de mi familia.... 

Gracias, 

Por Favor, 

Si...."



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martes, 2 de junio de 2015

"La rabia"

por Bert Hellinger. Artículo de la Revista Hellinger, Junio 2006

La rabia se manifiesta de diferentes maneras, útil o devastadora, fuerte o débil. Aquí presento algunos de estos aspectos bajo la lupa.

1. Alguien me ataca o me causa una injusticia y reacciono en función de ello con cólera y rabia. Esta rabia hace posible que me defienda con fuerzas o que me oponga. Me hace capaz de manejar la situación, es positiva y me fortalece. Esta rabia viene al caso y por esto tiene medida. Se disuelve en cuanto alcanza su meta.

2. Me pongo rabioso y enfadado cuando me doy cuenta que no he tomado lo que habría podido o tenido que tomar, o que no he reclamado lo que habría podido o tenido que reclamar, o que no he rogado por lo que habría podido o tenido que rogar. En vez de hacer frente y buscar o tomar lo que me hace falta, me enfado y me pongo rabioso con las personas de las cuales no he tomado o reclamado o rogado cuando lo habría podido o tenido que hacer.
Esta rabia es un sustituto para la acción y la consecuencia de una dimisión. Ella  me paraliza, me hace sentir inapto y débil y perdura durante mucho tiempo.
Del mismo modo, esta rabia actúa como defensa contra el amor. En lugar de exteriorizar mi amor, me vuelco hacia los que quiero con rabia. Ella se origina en la niñez, cuando surge como consecuencia de un movimiento interrumpido. En situaciones similares posteriores, trae el recuerdo de lo anterior y de ello tira su fuerza.

3. Estoy enfadado con alguien porque le he hecho algo de daño y no lo quiero admitir. Con esta rabia me protejo de los efectos de la culpa. Los proyecto sobre el otro. Esta rabia también es un sustituto para la acción. Me paraliza y me debilita.

4. Alguien me da tanto y en cantidad tan grande que no se lo puedo devolver. Sólo me queda el peso de ello. Entonces me defiendo del donante y sus dones enfadándome con él. Este enfado se expresa en forma de reproches, por ejemplo de los niños hacia sus padres. 
Es el sustituto para el tomar y dar las gracias. Nos paraliza y nos deja vacíos. 
O talvez se manifiesta como depresión. La depresión es la otra cara del reproche. Es también un sustituto para el tomar, el dar y el agradecer. Nos inmoviliza y nos vacía. Nos mantiene, después de una separación, en un duelo sin terminar, cuando aún nos sentimos  en deuda en el dar y tomar, frente a los muertos o a los que se han separado de nosotros. Puede también que nos sintamos, como en la 3ª forma de la rabia, presos de nuestra culpa y sus consecuencias.

5. Algunos sienten una rabia que pertenece a otros pero que hacen suya. 
Un ejemplo sería : cuando en un grupo un participante reprime su propia rabia, al cabo de un tiempo otro participante se siente fastidiado, a menudo el más débil.
En familia, el elemento más débil es un niño. Cuando una madre está encrespada con el padre pero no lo deja entrever, casi siempre un niño se enoja con él.
El más débil no sólo se hace cargo de la rabia sino que a veces la rabia lo toma como blanco: cuando un subordinado siente ira hacia su superior sin poder exteriorizarla, la vuelca hacia otro más vulnerable. O cuando un hombre se pone rabioso con su mujer sin dejarlo aparecer, a menudo carga a su hijo con ello.
No sólo puede transferirse la rabia de un individuo para otro, como de padre a hijo, sino que también puede que el destinatario sea un representante para el verdadero destinatario, es decir que este papel es desplazado de una persona con fuerza a otra más frágil. Con lo cual, una hija que se hace cargo de la rabia de su madre hacia su padre, dirige esta rabia contra alguien que percibe como más vulnerable que su padre, por ejemplo su propio marido.
En grupos se nota que la rabia transferida no se dirige a los responsable como lo sería el jefe del grupo, sino que recae sobre el más débil que, de esta forma, asume el rol de expiatorio de los fuertes. En las transferencias de rabia, los actores se sitúan fuera de si mismos, siendo presuntuosos y sintiéndose en su derecho. Pero actúan desde una fuente de energía y de derecho que les es ajena y que no les permite ni el éxito ni la fuerza. Las víctimas de las transferencias se sienten por igual presuntuosas y en su derecho porque saben que sufren una injusticia. Ellas igualmente quedan sin fuerzas y sin éxito en su dolor.

6. Existe una cólera que es virtud y valentía. 
Es una fuerza de penetración atenta y recogida, al servicio de la miseria y de la necesidad que, con osadía y sabiduría se enfrenta a los poderosos y a los que ejercen mucho peso. Sin embargo esta cólera es sin emoción. Si lo requiere la situación, actúa provocando daño al otro, sin temor y sin maldad. Es pura energía agresiva. Es el fruto de una larga disciplina y práctica y surge no obstante sin esfuerzo. Se expresa incluso como capacidad para negociar estratégicamente.

Encuentras ejercicios liberadores en el sig. link

Librerías virtuales:

lunes, 1 de junio de 2015

María Guadalupe Buttera en el programa de radio "Ser en el Mundo"

Los sábados de 19 hs a 19.30 hs por Radio 10 Santa Fe, FM 87,9, estaré compartiendo junto a Mariela Solano el espacio "Despertar y Crecer", en su programa de radio "Ser en el Mundo" (tbien se escucha por internet en www.radio10santafe.com.ar).
Te comparto el 1° programa:


miércoles, 13 de mayo de 2015

En nuestro interior conviven sentimientos amorosos con sentimientos hostiles


Ha llegado el momento de encontrar nuestro “poder esencial”
y terminar con la polarización inherente a la dualidad.
Kishori Aird
En nuestro interior conviven sentimientos amorosos con sentimientos hostiles, así es como a veces vivimos momentos de paz y otros más movilizadores. Cuando un polo predomina demasiado sobre otro, se generan conflictos interiores que se traducen, luego, en nuestros vínculos con otro/s y con la realidad misma. Es lo que algunos autores llaman vivir en la “dualidad”, y si observamos, lo que predomina en nuestra sociedad actual.
En algunas personas predominan los sentimientos de amor, y en otros, la gran mayoría,  sentimientos de miedo. Actualmente, como humanidad, estamos transitando un momento evolutivo donde necesitamos integrar estos dos polos, darle un lugar a cada uno de ellos, permitir que se comuniquen y se equilibren entre sí, sin que alguno de ellos predomine sobre el otro. Este es nuestro desafío actual: integrar los polos para poder trascenderlos.
La naturópata candiense Kishori Aird autora del libro “El ADN sin misterio”, a la coexistencia de las polaridades opuestas llama “Punto Cero”: “El Punto Cero es una experiencia en la que elegimos acoger simultáneamente los aspectos negativos y positivos de nuestras experiencias”.
Según las vivencias que experimentamos, suelen emerger sentimientos de amor o sentimientos de miedo. Cuando predominan los sentimientos de miedo se produce un desequilibrio en nuestro interior: esto es estar “polarizado”, esto es vivir en la “dualidad”.
Ahora bien, ¿cómo puede darme cuenta cuando estoy viviendo en la dualidad? Pues tus sentimientos e inquietud interior te lo demuestran. También podemos observar ciertas conductas que fuimos aprendiendo en nuestro camino de vida, y hoy necesitan ser transformadas para poder trascender esa “polarización” que afecta nuestra salud integral,  obstaculiza nuestros vínculos y de allí, nuestra auténtica felicidad.
Por ejemplo, si estoy viviendo una experiencia que me provoca miedo o vergüenza, y me quedo paralizado/a en ese polo, estaría viviendo desde la dualidad. Pero si busco en mi interior conectarme con sentimientos de confianza en mí mismo/a, incluso sintiendo ese miedo o vergüenza, puedo seguir evolucionando más allá de las polaridades positiva y negativa; y vivir en el estado de amor del “Punto Cero”.
La autora Kishori Aird lo expresa de esta manera: “El estado de amor se sitúa más allá de las polaridades positiva y negativa. En este estado, el bien y el mal, la luz y la sombra, lo bueno y lo malo y cualquier otra manifestación de la dualidad coexisten en un punto de equilibrio llamado Punto Cero. El Punto cero no es un estado neutro. El Punto Cero no es estático, es multidimensional, está en continuo movimiento y se mantiene en un espacio que cambia continuamente. Si el Punto cero está constantemente en movimiento, es que la fuerza positiva de la luz y la fuerza negativa de la sombra cohabitan en él sin anularse, a pesar de sus polaridades opuestas. Equilibrando las dos polaridades en nosotros, elegimos vivir en la compasión y en el amor”.
Es decir, integrando en nuestro interior las vivencias negativas y las positivas, podemos trascender el desequilibrio y comenzar a crear una vida equilibrada y armónica. Para lo cual se requiere una actitud de “aceptación de lo que es”[1] en cada momento, aún cuando nos genera sentimientos encontrados. Por ejemplo, puedo estar en un negocio y la espera se hace demasiado larga, lo cual me provoca cierto enojo o inquietud en mi interior, entonces puedo elegir aceptar esta inquietud en mí y hacer que coexista con la serenidad: “Elijo poner esta experiencia en el Punto cero aunque me irrite”.
Lo importante es incluir todas nuestras emociones, dándole un lugar a cada una sentiremos que una nueva energía circula y vibra en nuestro interior. Experimentaremos un sentimiento de poder y resolveremos nuestros conflictos más  rápidamente, ya que aprendemos de ellos en lugar de evitarlos.
Vale aclarar que esta actitud no significa “abandonarse”, sino lo contrario: se trata de mantener dos polaridades diferentes, permitiendo que coexistan nuestras debilidades conjuntamente con nuestras fortalezas. Entonces,  en lugar de negar, reprimir o expresar impulsivamente nuestros sentimientos, los reconocemos, acogemos, y apelamos a su contrario; así, crecemos y evolucionamos en lugar de perjudicarnos viviendo en la polaridad.
Cuanto más elijamos vivir desde esta nueva actitud integradora, la tensión interior se disuelve y una energía renovada fluye en nuestro interior, experimentando más serenidad, plenitud y amor.

“Si llegamos a integrar las cargas positiva y negativa de nuestras vivencias, crearemos inevitablmente una vida equilibrada y armónica. Creo que estamos preparados, a partir de ahora, para integrar las polaridades y crear una nueva realidad basada en el estado de amor en el Punto Cero porque ya hemos experimentado muchas veces el desequilibrio entre ellas”. 
Kishori Aird
“…hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo”
Mt 6, 10