martes, 2 de junio de 2015

"La rabia"

por Bert Hellinger. Artículo de la Revista Hellinger, Junio 2006

La rabia se manifiesta de diferentes maneras, útil o devastadora, fuerte o débil. Aquí presento algunos de estos aspectos bajo la lupa.

1. Alguien me ataca o me causa una injusticia y reacciono en función de ello con cólera y rabia. Esta rabia hace posible que me defienda con fuerzas o que me oponga. Me hace capaz de manejar la situación, es positiva y me fortalece. Esta rabia viene al caso y por esto tiene medida. Se disuelve en cuanto alcanza su meta.

2. Me pongo rabioso y enfadado cuando me doy cuenta que no he tomado lo que habría podido o tenido que tomar, o que no he reclamado lo que habría podido o tenido que reclamar, o que no he rogado por lo que habría podido o tenido que rogar. En vez de hacer frente y buscar o tomar lo que me hace falta, me enfado y me pongo rabioso con las personas de las cuales no he tomado o reclamado o rogado cuando lo habría podido o tenido que hacer.
Esta rabia es un sustituto para la acción y la consecuencia de una dimisión. Ella  me paraliza, me hace sentir inapto y débil y perdura durante mucho tiempo.
Del mismo modo, esta rabia actúa como defensa contra el amor. En lugar de exteriorizar mi amor, me vuelco hacia los que quiero con rabia. Ella se origina en la niñez, cuando surge como consecuencia de un movimiento interrumpido. En situaciones similares posteriores, trae el recuerdo de lo anterior y de ello tira su fuerza.

3. Estoy enfadado con alguien porque le he hecho algo de daño y no lo quiero admitir. Con esta rabia me protejo de los efectos de la culpa. Los proyecto sobre el otro. Esta rabia también es un sustituto para la acción. Me paraliza y me debilita.

4. Alguien me da tanto y en cantidad tan grande que no se lo puedo devolver. Sólo me queda el peso de ello. Entonces me defiendo del donante y sus dones enfadándome con él. Este enfado se expresa en forma de reproches, por ejemplo de los niños hacia sus padres. 
Es el sustituto para el tomar y dar las gracias. Nos paraliza y nos deja vacíos. 
O talvez se manifiesta como depresión. La depresión es la otra cara del reproche. Es también un sustituto para el tomar, el dar y el agradecer. Nos inmoviliza y nos vacía. Nos mantiene, después de una separación, en un duelo sin terminar, cuando aún nos sentimos  en deuda en el dar y tomar, frente a los muertos o a los que se han separado de nosotros. Puede también que nos sintamos, como en la 3ª forma de la rabia, presos de nuestra culpa y sus consecuencias.

5. Algunos sienten una rabia que pertenece a otros pero que hacen suya. 
Un ejemplo sería : cuando en un grupo un participante reprime su propia rabia, al cabo de un tiempo otro participante se siente fastidiado, a menudo el más débil.
En familia, el elemento más débil es un niño. Cuando una madre está encrespada con el padre pero no lo deja entrever, casi siempre un niño se enoja con él.
El más débil no sólo se hace cargo de la rabia sino que a veces la rabia lo toma como blanco: cuando un subordinado siente ira hacia su superior sin poder exteriorizarla, la vuelca hacia otro más vulnerable. O cuando un hombre se pone rabioso con su mujer sin dejarlo aparecer, a menudo carga a su hijo con ello.
No sólo puede transferirse la rabia de un individuo para otro, como de padre a hijo, sino que también puede que el destinatario sea un representante para el verdadero destinatario, es decir que este papel es desplazado de una persona con fuerza a otra más frágil. Con lo cual, una hija que se hace cargo de la rabia de su madre hacia su padre, dirige esta rabia contra alguien que percibe como más vulnerable que su padre, por ejemplo su propio marido.
En grupos se nota que la rabia transferida no se dirige a los responsable como lo sería el jefe del grupo, sino que recae sobre el más débil que, de esta forma, asume el rol de expiatorio de los fuertes. En las transferencias de rabia, los actores se sitúan fuera de si mismos, siendo presuntuosos y sintiéndose en su derecho. Pero actúan desde una fuente de energía y de derecho que les es ajena y que no les permite ni el éxito ni la fuerza. Las víctimas de las transferencias se sienten por igual presuntuosas y en su derecho porque saben que sufren una injusticia. Ellas igualmente quedan sin fuerzas y sin éxito en su dolor.

6. Existe una cólera que es virtud y valentía. 
Es una fuerza de penetración atenta y recogida, al servicio de la miseria y de la necesidad que, con osadía y sabiduría se enfrenta a los poderosos y a los que ejercen mucho peso. Sin embargo esta cólera es sin emoción. Si lo requiere la situación, actúa provocando daño al otro, sin temor y sin maldad. Es pura energía agresiva. Es el fruto de una larga disciplina y práctica y surge no obstante sin esfuerzo. Se expresa incluso como capacidad para negociar estratégicamente.

Encuentras ejercicios liberadores en el sig. link

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lunes, 1 de junio de 2015

María Guadalupe Buttera en el programa de radio "Ser en el Mundo"

Los sábados de 19 hs a 19.30 hs por Radio 10 Santa Fe, FM 87,9, estaré compartiendo junto a Mariela Solano el espacio "Despertar y Crecer", en su programa de radio "Ser en el Mundo" (tbien se escucha por internet en www.radio10santafe.com.ar).
Te comparto el 1° programa:


miércoles, 13 de mayo de 2015

En nuestro interior conviven sentimientos amorosos con sentimientos hostiles


Ha llegado el momento de encontrar nuestro “poder esencial”
y terminar con la polarización inherente a la dualidad.
Kishori Aird
En nuestro interior conviven sentimientos amorosos con sentimientos hostiles, así es como a veces vivimos momentos de paz y otros más movilizadores. Cuando un polo predomina demasiado sobre otro, se generan conflictos interiores que se traducen, luego, en nuestros vínculos con otro/s y con la realidad misma. Es lo que algunos autores llaman vivir en la “dualidad”, y si observamos, lo que predomina en nuestra sociedad actual.
En algunas personas predominan los sentimientos de amor, y en otros, la gran mayoría,  sentimientos de miedo. Actualmente, como humanidad, estamos transitando un momento evolutivo donde necesitamos integrar estos dos polos, darle un lugar a cada uno de ellos, permitir que se comuniquen y se equilibren entre sí, sin que alguno de ellos predomine sobre el otro. Este es nuestro desafío actual: integrar los polos para poder trascenderlos.
La naturópata candiense Kishori Aird autora del libro “El ADN sin misterio”, a la coexistencia de las polaridades opuestas llama “Punto Cero”: “El Punto Cero es una experiencia en la que elegimos acoger simultáneamente los aspectos negativos y positivos de nuestras experiencias”.
Según las vivencias que experimentamos, suelen emerger sentimientos de amor o sentimientos de miedo. Cuando predominan los sentimientos de miedo se produce un desequilibrio en nuestro interior: esto es estar “polarizado”, esto es vivir en la “dualidad”.
Ahora bien, ¿cómo puede darme cuenta cuando estoy viviendo en la dualidad? Pues tus sentimientos e inquietud interior te lo demuestran. También podemos observar ciertas conductas que fuimos aprendiendo en nuestro camino de vida, y hoy necesitan ser transformadas para poder trascender esa “polarización” que afecta nuestra salud integral,  obstaculiza nuestros vínculos y de allí, nuestra auténtica felicidad.
Por ejemplo, si estoy viviendo una experiencia que me provoca miedo o vergüenza, y me quedo paralizado/a en ese polo, estaría viviendo desde la dualidad. Pero si busco en mi interior conectarme con sentimientos de confianza en mí mismo/a, incluso sintiendo ese miedo o vergüenza, puedo seguir evolucionando más allá de las polaridades positiva y negativa; y vivir en el estado de amor del “Punto Cero”.
La autora Kishori Aird lo expresa de esta manera: “El estado de amor se sitúa más allá de las polaridades positiva y negativa. En este estado, el bien y el mal, la luz y la sombra, lo bueno y lo malo y cualquier otra manifestación de la dualidad coexisten en un punto de equilibrio llamado Punto Cero. El Punto cero no es un estado neutro. El Punto Cero no es estático, es multidimensional, está en continuo movimiento y se mantiene en un espacio que cambia continuamente. Si el Punto cero está constantemente en movimiento, es que la fuerza positiva de la luz y la fuerza negativa de la sombra cohabitan en él sin anularse, a pesar de sus polaridades opuestas. Equilibrando las dos polaridades en nosotros, elegimos vivir en la compasión y en el amor”.
Es decir, integrando en nuestro interior las vivencias negativas y las positivas, podemos trascender el desequilibrio y comenzar a crear una vida equilibrada y armónica. Para lo cual se requiere una actitud de “aceptación de lo que es”[1] en cada momento, aún cuando nos genera sentimientos encontrados. Por ejemplo, puedo estar en un negocio y la espera se hace demasiado larga, lo cual me provoca cierto enojo o inquietud en mi interior, entonces puedo elegir aceptar esta inquietud en mí y hacer que coexista con la serenidad: “Elijo poner esta experiencia en el Punto cero aunque me irrite”.
Lo importante es incluir todas nuestras emociones, dándole un lugar a cada una sentiremos que una nueva energía circula y vibra en nuestro interior. Experimentaremos un sentimiento de poder y resolveremos nuestros conflictos más  rápidamente, ya que aprendemos de ellos en lugar de evitarlos.
Vale aclarar que esta actitud no significa “abandonarse”, sino lo contrario: se trata de mantener dos polaridades diferentes, permitiendo que coexistan nuestras debilidades conjuntamente con nuestras fortalezas. Entonces,  en lugar de negar, reprimir o expresar impulsivamente nuestros sentimientos, los reconocemos, acogemos, y apelamos a su contrario; así, crecemos y evolucionamos en lugar de perjudicarnos viviendo en la polaridad.
Cuanto más elijamos vivir desde esta nueva actitud integradora, la tensión interior se disuelve y una energía renovada fluye en nuestro interior, experimentando más serenidad, plenitud y amor.

“Si llegamos a integrar las cargas positiva y negativa de nuestras vivencias, crearemos inevitablmente una vida equilibrada y armónica. Creo que estamos preparados, a partir de ahora, para integrar las polaridades y crear una nueva realidad basada en el estado de amor en el Punto Cero porque ya hemos experimentado muchas veces el desequilibrio entre ellas”. 
Kishori Aird
“…hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo”
Mt 6, 10

martes, 5 de mayo de 2015

Cada vez que tengas un recuerdo doloroso de tu infancia...

Cura tu ser con otra parte de tu ser
por Alejandro Jodorowsky
«Cada vez que tengas un recuerdo doloroso de tu infancia, viaja por tu memoria y, con la edad que tienes hoy, dile a tu niño:
-"Pequeño mío, no estés triste, no estás solo . Yo estaba contigo, acompañándote todo el tiempo. Soy tu amigo. Juega conmigo"… 
Y así agregas a tu infancia cosas que no tenías en tu memoria y la cambias.
Puedes agregar alas invisibles a tu niño y hacerlo volar, darle belleza, darle valores, colorear las calles, llenar su casa de objetos preciosos, hacerlo conversar con los animales y las plantas, mejorar a sus padres, etc…
Y si tú, hoy estás triste, puedes invocarte a ti mismo, cuando serás un/una anciano sabio que te diga:
-"Querido, soy tú con cien años más. Ya lo ves, no estás solo, estoy junto a ti. Tengo una inmensa sabiduría y puedo aconsejarte".
Si agregas importantes detalles a tu memoria, tal como hace un artista cuando pinta un cuadro o filma una película, puedes cambiarla, agregarle felicidad. Si quieres liberarte del sufrimiento pasado, colorea y enriquece tu memoria. 
Otórgate lo que no te dieron. Haz lo que no hiciste.
Ahora mismo, elige algún recuerdo doloroso, míralo desde otra edad y dale nuevos aspectos, todos ellos positivos. Por ejemplo, si viste el cadáver de un perro podrido, hazlo integrarse a la tierra, convertirse en abono y dar origen a hermosas flores. 
Por otra parte, lucha para no pensar que el futuro es terrible e imagina, crea en tu mente un futuro precioso. 
"Sí, un día moriré, pero muy agradablemente: mi conciencia, gota divina, regresará al océano divino, que es un orgasmo eterno."
Esta técnica de cambiar el pasado, agregando aspectos agradables a mi memoria la descubrí en la época en que Hollywood comenzó a colorear sus viejas películas filmadas en blanco y negro….
Debemos tratar a nuestra memoria como si fuera un diamante cubierto de carbón. Vamos a pulirla hasta dejar al descubierto su belleza y luego tallarle facetas para enriquecerla»

jueves, 30 de abril de 2015

El proceso de duelo de la mujer durante la menopausia

es una purificación que limpia el lastre del pasado que hay en su corazón, cuerpo, espíritu y mente. 

El duelo es la puerta de entrada de la sabiduría, el poder y la libertad.

Por: Roslyne Sophia Breillart
Durante las primeras etapas de la menopausia, algunas mujeres experimentan un período de duelo que parece interminable. Este duelo es una faceta de un poderoso proceso emocional de muerte y renacimiento. ¿Y por qué la mujer debe pasar por un duelo durante esta fase de su vida?
Experimenta un duelo porque muere psicológicamente y llora una pérdida porque suelta el dolor del mundo a través de su útero.
Si renuncia a identificarse con su fertilidad, con ser madre, amante, esposa, secretaria, artista, recepcionista, mujer menstruante, conectará cada vez más profundamente con el misterio intemporal de su propia fuente interna.
La mujer es un insondable océano de amor, un eterno manantial de devoción hacia la fuente de su Diosa interior. En el fondo de su corazón desea de forma natural vivir en consonancia con este lugar de amor devoto. Pero demasiado a menudo se ve obligada a abandonar su santuario infinito de oscuridad lunar femenina para entrar en la deslumbradora claridad solar del externo sueño mundano masculino.
Su realidad reside en la receptividad interna esencialmente yin. No es la de la existencia, de los relojes, del tiempo y de las estructuras lineales; sino que su realidad es innatamente cíclica, ovular, circular, espiral. Cuando la mujer está demasiado ligada al mundo exterior de las creencias irreales en torno a la menopausia, no puede abrazar conscientemente el gozo y la libertad que hallaría si, en aquel momento, entrase profundamente en su cuerpo.

Aunque el período menopáusico significa un final, también ofrece la expansiva libertad de los nuevos comienzos. Si la mujer se cree la tergiversación de la sociedad moderna según la cual la menopausia es el fin de su vida como mujer real, sufrirá.
Por eso pasa por un proceso de duelo. Sufre porque el mundo moderno no honra su poder gentil y misterioso, sufre porque sabe, desde el fondo de su corazón, que ser mujer es mucho más que la superficialidad de la sociedad contemporánea.
Durante la transición menopáusica, su universo interno de oscuridad la atrae suavemente, gentilmente, profundamente y a menudo tumultuosamente hacia si.
En la mitología antigua, la mujer era la seductora sirena del mar que cantaba dulcemente a los náufragos para seducirlos y llevárselos hacia las oscuras cavernas de sus profundidades oceánicas. Nuestra civilización actual, la civilización que ignora el poder emergente de las mujeres menopáusicas, no puede captar su profundidad, porque prospera en las aguas superficiales de la irrealidad.
Cuando el dolor del amor insatisfecho entra en su útero, sucede a menudo que la mujer suprime el dulce perfume de su esencia, para poder enfrentarse al mundo exterior. Puesto que eso requiere una fuerza ajena a su ritmo cíclico femenino, crea un caparazón duro y, al mismo tiempo frágil, que esconde su vulnerabilidad y gentil fuerza.
Durante el viaje de la menopausia, la mujer se desprende de muchos dolores reprimidos, de forma que su sabiduría amorosa puede resplandecer a lo largo de esta fase de la vida que le concede la capacidad de realizar tantas cosas. Mientras, durante esta purificación única, la sabia y amorosa conciencia interna de su útero busca la liberación, la mujer a menudo derramará lágrimas de dolor y pena por la pérdida de todo lo que nunca más podrá ser.

Desde que empezó a menstruar, su profunda relación con el cuerpo ha cabalgado de forma innata y fluida con el ritmo cíclico de las fases de las mareas, las estaciones y la luna.
Como su amada madre tierra, la mujer experimenta eternamente un ciclo infinito de nacimiento, muerte y renovación. Cada mes es nutrida y colmada por la sabiduría de su ciclo menstrual, y cada mes potencialmente profundiza más en el misterio de su ser.
Lágrimas de amor, de nostalgia y de remordimiento a menudo afloran desde una pena profunda que ha formado parte del espíritu femenino durante siglos. Si se trata de una madre que ha puesto todo el amor en sus hijos, puede que ahora deba enfrentarse a la realidad de un nido y un corazón vacíos, ahora que sus niños han crecido de golpe, han desplegado sus alas y han volado.
Ahora bien, en el interior de su vacuidad tiene, esperándola, el tesoro. En el silencio y la calma tiene, esperándola, el poder. En el desahogo de su duelo tiene, esperándola, el gozo y la luz radiante.
¿Por qué se lamenta, pues, la mujer? Se lamenta porque esta pérdida inexplicable parece casi insoportable. Aún no sabe que las bendiciones que recibirá serán abundantísimas, porque antes debe experimentar el vacío. Se lamenta porque no ha sido reconocida, comprendida ni amada. Y cuando la preciosa copa, el cáliz sagrado de su útero, se haya vaciado del duelo, empezará a prepararse para una vida de sabiduría y de paz llena de gracia. Empezará a llenar su copa con la riqueza abundante de nuevas bendiciones.
Si se trata de una mujer que no ha sentido nunca la madurez de su útero a punto de dar a luz, que no ha sentido fluir dulce leche de sus pechos, que no ha sostenido sus criaturas dulcemente cerca del corazón y las ha nutrido hasta la madurez, quizás ahora lamenta que, irrevocablemente, nunca será madre. Nada puede parar este lamento, porque ahora es el momento en que debe desbordarse y debe desbordarse hasta que haya disuelto todo lo que inhibe el nacimiento de su sabiduría, su poder y su libertad.
¿Por qué, querida mujer, sufres tanto? En realidad no has perdido nada, porque no tienes nada que perder. Sin embargo, ahora debes sufrir, porque es una parte necesaria de la sabiduría que ha de nacer de ti.
Sufres porque estás soltando todo lo que en ti es irreal.
Sufres porque estás soltando todos los apegos a los roles externos y a los éxitos que has tenido.
Sufres porque ya no sabes quien eres.
Sufres por todas tus amadas hermanas, el amoroso poder de las cuales ha sido reprimido e ignorado durante siglos.
Sufres porque eres una mujer que vive en un mundo dominado por los machos.
Sufres porque anhelas que a las profundidades de tu útero llegue, tiernamente, y apasionadamente, un hombre que está demasiado ocupado pensando, haciendo y viajando a otros planetas para parar un momento y amarte a ti y a tu venerada madre tierra.

El proceso de duelo de la mujer durante la menopausia es una purificación que limpia el lastre del pasado que hay en su corazón, cuerpo, espíritu y mente. Las aguas purificadoras de sus lágrimas la obsequian con un sentido profundo de gozo, fuerza y libertad. Su nueva vida no puede emerger plenamente hasta que suelte conscientemente todo aquello que no pueda acarrear en su viaje de poder y sabiduría.
La mujer sufre un duelo porque ha acumulado capas de pensamientos, emociones y creencias que no corresponden a lo que ella es verdaderamente.
El duelo consiste en desprenderse de aquello que no es real en su cuerpo, en su corazón y en su psique. El duelo es la puerta de entrada de la sabiduría, el poder y la libertad.
Por: Roslyne Sophia Breillart